
Debemos admitirlo: a un lado están los buenos creadores de vídeos, aquellos que consiguen piezas audiovisuales espectaculares que pasaríamos horas viendo, y al otro lado el resto. Porque aunque tengamos los medios de grabación y las plataformas de difusión adecuadas, la mayoría de producciones domésticas —sobre todo en primera persona— no son todo lo interesantes que podrían.
Y si no lo ves así, pregúntate: ¿Cuánto tiempo has perdido viendo vídeos irrelevantes en su mayoría? ¿Cuántos minutos de imágenes has consumido para ver, solo durante unos pocos segundos, aquello realmente interesante? La solución a la democratización del vídeo y su trasfondo anodino pasan por la tecnología.
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