
Hace tiempo que Google dejó de ser un simple buscador. En él podemos encontrar todo lo que existe en internet —o casi todo— y al mismo tiempo, sin abandonarlo, hacer muchas otras cosas que hace solo unos años no hubiésemos imaginado. Aquel primitivo directorio nacido a finales de los noventa es ahora un conjunto de pequeñas utilidades disponibles desde el campo de búsqueda.
Son pequeños añadidos que enriquecen la experiencia de uso, responden a las preguntas de los usuarios mucho más de lo que pueden hacerlo los resultados de búsqueda y, en buena parte de los casos, lo más probable es que resten tráfico a sitios de terceros. Páginas web cuya razón de ser es, precisamente, la que se encargan de resolver desde Mountain View con estas funcionalidades especiales.
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