
El cliente llega a la gasolinera y llena su tanque, mientras tanto un malware que ha infectado al surtidor le roba entre el 3 y 7% de la gasolina por la que paga sin que nadie se entere.
Así operaba una enorme estafa que abarcó casi todo el sur de Rusia y que se había extendido en docenas de gasolineras de ese país. Las estaciones habían sido infectadas con malware y hacían que los clientes pagaran más gasolina de la que en realidad estaban echando.
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