
Tecnologías como la inteligencia artificial y los sistemas de aprendizaje automático tienen aplicaciones incontables. Pueden crear otras inteligencias, ser capaces de mejorar fotografías, descubrir a curiosos mirando nuestras pantallas, detectar conductas suicidas en Facebook e incluso traducir, de forma parcial, el lenguaje de los pollos para ayudar a los granjeros en el cuidado de su salud y bienestar.
Ingenieros y científicos avícolas de la Universidad de Georgia y el Instituto de Tecnología de Georgia llevan trabajando con este objetivo los últimos cinco años.
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