
El usuario medio de internet es consciente de lo que implica acceder a casi cualquier página web: un seguimiento. Nuestras visitas son registradas, se nos ubica sobre un mapa, se anota qué navegador hemos utilizado e incluso se identifica el dispositivo empleado. Se trata de datos estadísticos que, a priori, pueden ayudar a los administradores de un portal a conocer mejor a sus usuarios.
Sin embargo, las suspicacias aparecen y por eso los usuarios avanzados que más valoran su privacidad emplean herramientas para no ser vistos en la red. Para mantenerse a salvo de seguimientos, rastreadores y herramientas de grabación de sesiones como las que han detectado investigadores de la Universidad de Princeton en 482 de los 50.000 sitios más importantes del mundo según Alexa.
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