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Ayer se conmemoró en Londres, en el memorial de Whitehall, el Remembrance Sunday. Una ceremonia en la que veteranos, militares, autoridades y ciudadanos rinden homenaje a los caídos en las dos guerras mundial. Un acto solemne y oficial que este año ha contado con una polémica: el uso por parte de la Policía Metropolitana de un software de reconocimiento facial.

The Guardian, el medio de comunicación que reveló horas antes los planes policiales, confirmó con fuentes del cuerpo que el uso de esta tecnología en el evento se trataba de una prueba y no estaba relacionada con terrorismo ni ningún tipo de delito grave.

Seguimiento biométrico en tiempo real

Como se ha podido ver en fotografías difundidas por algunos de los asistentes, en los aledaños del memorial se informaba mediante carteles del uso de cámaras con reconocimiento facial. El objetivo era, según la información publicada, analizar los rostros de los miles de concurrentes en busca de individuos conocidos por su comportamiento obsesivo respecto a figuras públicas.

Se buscaba reconocer a personas sin ninguna clase de orden de detención

Los datos de estas personas, unas cincuenta, fue introducido en el sistema de forma que el seguimiento biométrico en tiempo real pudiese avisar si las detectaba accediendo a la zona. Sin embargo, ninguno de los conformantes de la lista está en búsqueda y captura, por lo que grupos de libertades civiles han denunciado un uso discriminatorio de la tecnología.

Un eterno debate: seguridad contra privacidad

Para Martha Spurrier, directora del grupo Liberty, «no hay base legal ni consentimiento público para desplegar esta vigilancia biométrica intrusiva e intimidante en los espacios públicos». Una opinión compartida por todos aquellos que, desde que esta clase de tecnología se emplea, cuestionan la falta de privacidad.

La Policía Metropolitana de Londres ya ha usado en otras dos ocasiones, que se sepa, este software de reconocimiento facial durante los últimos dos años. La última vez fue en el carnaval de Notting Hill y, según Spurrier, el sistema provocó «múltiples identificaciones incorrectas». Incluso confundiendo los géneros de algunas personas.

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En otros países, la historia se repite. A finales de 2014, en una ciudad canadiense, la policía local comenzó a emplear otro software de reconocimiento facial capaz de tomar fotos y vídeos para analizar caras, comparándolas con una base de datos de personas fichadas. Aunque su uso era preventivo, como en el caso de la capital británica, la iniciativa no fue bien recibida por todos.

China, subiendo la apuesta, quiere emplear en estos reconocimientos una inteligencia artificial que tratará de evitar crímenes antes de que tengan lugar. Una iniciativa noble, a priori, que choca contra numerosas vulneraciones de derechos y libertades, añadiendo todavía más sospechas a un debate complejo ya desde su origen.

Las preguntas sobre el difícil equilibrio entre seguridad y privacidad, con la tecnología en el medio, continúan en el aire.

En Xataka | 20 millones de cámaras equipadas con inteligencia artificial hacen que China sea el verdadero ‘Gran Hermano’

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La noticia La policía de Londres vuelve a usar software de reconocimiento facial: seguridad contra privacidad fue publicada originalmente en Genbeta por Toni Castillo .

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Popcorn Time

Puede que Popcorn Time no genere tanto ruido como lo hizo inicialmente, y estos días pareciera que el principal objetivo de la industria del entretenimiento es Kodi y sus complementos, pero la aplicación que es usada para ver series y películas en streaming a través de torrents, no ha sido olvidada por Hollywood ni mucho menos.

La Corte de Distrito de Oslo ha ordenado a 14 proveedores de Internet en Noruega el bloqueo de varios sitios web usados por diferentes variantes de la app Popcorn Time, y este bloqueo se extiende además a varios sitios adicionales, incluyendo webs de subtítulos como opensubtitules.org.

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Segwit2x

Los últimos meses han sido especialmente agitados para la criptomoneda bitcoin, que ha visto cómo dos alternativas como Bitcoin Cash y Bitcoin Gold han aparecido para tratar de corregir sus defectos. El verdadero punto de inflexión no obstante era el ‘hard fork’ que planteaba el llamado Segwit2x, una versión completamente nueva de bitcoin que pretendía no convivir con esta criptodivisa, sino sustituirla completamente.

La polémica planteada por el Segwit2x provocó que durante varios meses se fuera acrecentando la división en la comunidad bitcoin. Por un lado estaban los que apoyaban este ‘hard fork’, y por otro, los que e oponían a él por no verlo necesario. Finalmente los promotores del Segwit2x han anunciado que cancelan esa propuesta: prefieren mantener la unidad de un proyecto y afirman que estarán preparados si es necesario aplicar cambios futuros a la plataforma.

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Apple

Las gafas de realidad aumentada de Apple están cada vez más cerca. Según ha publicado Bloomberg, fuentes internas les han confirmado que Apple podría presentar sus gafas de realidad aumentada en 2019, empezando su comercialización durante 2020. Serán unas gafas completas, con pantalla integrada, procesador interno y su propio sistema operativo.

Tim Cook parece considerar que la realidad aumentada es menos solitaria que la virtual y puede ser igualmente revolucionaria. De ahí que haya iniciado ya una apuesta clara por esta tecnología en sus últimos dispositivos móviles, la cual culminará con el lanzamiento de un dispositivo dedicado que ya lleva meses rumoreándose.

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Wiki Award 2016 114

En junio, un juez de Nueva York multó a Sci-Hub, el «Pirate Bay» de los artículos científicos, con 15 millones de dólares. Ahora, un juez de Virginia acaba de sumar 4,8 millones más. Y, por si fuera poco, ha ordenado su cierre.

O para ser más precisos, en su última sentencia concede a la demandante, la Sociedad Americana de Química, la capacidad legal para exigir a «motores de búsqueda de Internet, proveedores de alojamiento web y servicios de internet y registradores de dominios que dejen de facilitar el acceso» a Sci-Hub. Alojado en Rusia y con un dominio de las Islas Cocos, el repositorio resiste, pero ¿hasta cuándo?

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Ethereum

Un bug en una de las principales carteras de la cadena de bloques de Ethereum ha provocado la congelación de los depósitos de los usuarios, congelando criptomonedas por valor de 280 millones de dólares. El problema se ha dado en Parity Wallet, y su empresa responsable reportó ayer el error crítico a todos sus usuarios.

La vulnerabilidad afecta a todos los usuarios que tengan activos en una de las carteras multifirma de Parity Wallet, un tipo de cartera que utiliza el consentimiento de varias partes para obtener un extra de seguridad en las transacciones. En un principio, los primeros reportes apuntaban a más de 150 millones de dólares en Ethers congelados, aunque ya se habla de cerca de 280 millones afectados.

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SimpleFunsEl artículo que posiblemente leas y veas comentado hoy si tus listas de suscripciones están mínimamente completas es este de James Bridle titulado  Something is wrong on the internet, un texto largo y detallado en el que el autor se preocupa por la proliferación de determinados vídeos en YouTube Kids, un producto diseñado por la compañía para proporcionar vídeos adecuados a los niños y que muchos padres tienden a emplear como auténtico “dispositivo apaganiños”, con contenidos completamente inadecuados desde múltiples puntos de vista, y apoyándose en los algoritmos de recomendación de la plataforma para encabezar las listas de popularidad y obtener ingresos publicitarios.

La presencia de este tipo de vídeos inapropiados ha sido puesta de manifiesto en otras ocasiones: contenidos que aprovechan personajes muy conocidos por los niños y los hacen protagonizar escenas violentas o de otros tipos, habitualmente con grafismos extremadamente simples, confeccionados con muy poco esfuerzo. El análisis de Bridle incide no solo en los vídeos como tales, sino más bien en el mecanismo de una plataforma que no solo posibilita este tipo de comportamientos, sino que los recompensa mediante sus algoritmos y el sistema económico de premiar la atención al que da lugar. Un análisis interesante, que pone el peso en la plataforma, en una YouTube que no parece hacer mucho de cara a la eliminación de este tipo de contenidos más allá de ofrecer sistemas que permiten que sean denunciados o marcados como inapropiados, y que no ha tenido ningún éxito por el momento de cara a su erradicación.

Sin embargo, el verdadero análisis, para mí, es todavía más desasosegante: indudablemente, internet tiene un problema. La combinación de factores como el desarrollo sin límites de la economía de la atención, los algoritmos que premian el sensacionalismo o el contenido más impactante, las posibilidades de anonimato o de trazabilidad compleja y otra serie de características de la red han dado lugar a un sistema en el que constantemente nos sorprendemos encontrando cosas que, si hacemos caso a la gran mayoría de observadores, no deberían estar ahí. Pero en realidad, el verdadero problema no está en internet: está en la naturaleza humana.

Me explico: todo sistema es susceptible de ser utilizado de diversas maneras. La ausencia de regulación para evitar comportamientos definidos o considerados nocivos, o los sistemas de regulación ineficientes, generan abusos de numerosos tipos. Podemos constatarlos en todas partes: a la popularización del correo electrónico sigue la proliferación del spam. ¿Es el spam un problema de diseño, algo de lo que debamos hacer responsables a los inventores del protocolo del correo electrónico o a los que comercializan herramientas para que los consumidores lo usen? No, es un problema de que una serie de actores descubren que pueden utilizar los protocolos del correo electrónico para enviar con un coste bajísimo mensajes comerciales a una gran cantidad de usuarios incautos, inexpertos o directamente idiotas, y aprovechar para separarlos de su dinero. Ese comportamiento es constante: cada servicio que surge cuenta con su caterva de aprovechados dispuestos a utilizarlo para engañar, robar, manipular o retorcer su propósito original. Las redes sociales son plataformas para compartir contenidos, pero convenientemente retorcidas, se convierten en herramientas para manipular un proceso electoral. YouTube sirve para ver vídeos, pero si la retorcemos adecuadamente, podemos conseguir que sirva para engañar a niños con contenidos inadecuados y ganar dinero a costa de exponerlos a contenidos a los que no deberían ser expuestos. Da igual el ejemplo que propongas: todos cuentan con usos inadecuados, inmorales o directamente delictivos que algunos pretenden utilizar para su beneficio. ¿Surgen los ICOs? Rápidamente proliferan personajes nocivos dispuestos a confundir a potenciales inversores y robarles su dinero.

¿Estamos hablando de un problema de internet? No, hablamos de un problema de la naturaleza humana. En ausencia de una regulación efectiva debido a la velocidad con la que se desarrollan y popularizan las nuevas herramientas, los delincuentes evolucionan y se convierten en los primeros colonizadores de cada nuevo nicho ecológico que surge en el planeta red. Para cuando se defina como delito subir vídeos a YouTube y aprovechar sus algoritmos para incrementar su popularidad, los delincuentes estarán haciendo otras cosas completamente diferentes. Probablemente un buen abogado encuentre siempre suficiente indefinición en esos comportamientos como para conseguir que salgan absueltos, y el simple principio de “no sé como definirlo pero lo reconozco cuando lo veo”, el I know it when I see it que podría contribuir con algo tan inherentemente humano como el sentido común a aliviar el problema, no se utiliza lo suficiente. No parecen existir tribunales ni jueces suficientes como para solventar los problemas que detectamos en internet todos los días, y si existiesen, se verían confrontados con una realidad compleja de fueros y sistemas judiciales nacionales tratando de mala manera de operar en un entorno global y sin fronteras. Lo que un estado intenta definir como un comportamiento execrable y encuadrar en un tipo penal evidente que sin duda ya existía, en otro estado está completamente sin legislar, o se sitúa en un limbo en el que las leyes resultan de imposible aplicación. Los mecanismos sociales de control, elementos como la reputación o la censura social que a otra escala y en otros períodos históricos se han convertido en elementos que ponían relativo coto a determinados comportamientos, tampoco funcionan, porque no se desarrollan con la necesaria velocidad. Cuando un individuo malintencionado encuentra una manera de aprovecharse de una plataforma determinada, la mayor parte de la sociedad ni siquiera es capaz aún de entender qué es lo que está haciendo.

Hemos construido una herramienta que no sabemos controlar, y que muchos consiguen retorcer para su beneficio incurriendo en comportamientos que cualquiera con un mínimo sentido común encontraría castigables, pero que en rarísimas ocasiones son castigados. Y de nuevo: el problema no está en la red, sino en la naturaleza humana, en las más profundas miserias de nuestra condición. ¿Cómo definir a un tipo que convierte en medio de vida el exponer a niños a contenidos completamente inadecuados y censurables? ¿Qué castigo debería encontrar si la justicia funcionase? ¿Cómo plantearse desincentivar un comportamiento semejante? ¿Cómo adaptar la legislación y los sistemas que tratan de poner bajo control lo peor de la naturaleza humana en un marco que evoluciona tan rápidamente?

 

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Paradise Papers

Un nuevo lote de archivos obtenido por el diario alemán Süddeutsche Zeitung a partir de filtraciones de dos despachos de abogados especializados en la gestión de patrimonios en paraísos fiscales y parte integrante del llamado Offshore Magic CircleAppleby y Asiaciti Trust, es procesado durante un año por 382 periodistas de todo el mundo coordinados por el International Consortium of Investigative Journalism (ICIJ), y divulgado a partir del día de ayer por una serie de medios de comunicación que aportaron recursos para la investigación, en España El Confidencial y LaSexta. Hablamos de 13.4 millones de documentos que abarcan todo tipo de transacciones, constituciones y gestiones en diecinueve paraísos fiscales de todo el mundo a lo largo de sesenta y seis años (entre 1950 y 2016), nada menos que 1.4TB de información. 

Poner en manos de periodistas de todo el mundo esa ingente cantidad de información de una manera que garantice su uso confidencial y permita a los medios rentabilizar los recursos invertidos supone un desafío tecnológico enorme, como ya comentamos en su momento con motivo de una filtración anterior, la de los papeles de Panamá. En esta ocasión hablamos de un contingente de documentos aún mayor, que deben ser individualizados, limpiados, catalogados y puestos a disposición de los periodistas que deseen investigar sobre ellos, en lo que supone un proyecto de sistemas de información extraordinariamente ambicioso sobre una base enorme de material. Por el proyecto anterior, el de los Panama Papers, el ICIJ recibió en 2017 el prestigioso premio Pulitzer .

¿Cuál es la importancia de este leak, y de todo el trabajo anterior – los Offshore Leaks, los Luxembourg Leaks, los Swiss Leaks o los Panama Papers, de magnitudes inferiores a este último – con los que la ICIJ ha logrado convertirse en referencia en el ámbito de la evasión de impuestos y los paraísos fiscales? No deberíamos caer en la tentación de analizar estos leaks en función de la importancia de las personas cuyas prácticas se ven denunciadas, que en este caso y particularizando a nuestro país son muy escasas, sino proyectarlo un poco más allá. Básicamente, lo importante de este tema es la creación de una conciencia colectiva con respecto al uso de este tipo de herramientas. Los paraísos fiscales son territorios que basan una parte importante de su economía en la provisión de herramientas de evasión fiscal a ciudadanos de todo el mundo que pretenden, como eufemísticamente se dice, “optimizar” su factura con el fisco, interpretando “optimizar” como “pagar lo menos posible”. Durante generaciones, esta idea de pagar menos impuestos o de no pagarlos en absoluto ha formado parte de un imaginario colectivo en el que los más ricos, los más poderosos o en general, “los más listos”, tenían acceso a una serie de herramientas que los ciudadanos normales no podían aspirar a utilizar, y que les permitía el privilegio de contribuir mucho menos a las haciendas públicas de sus países.

Cuando yo era un niño, recuerdo a amigos de mis padres que presumían de cómo se ahorraban dinero en sus impuestos, y cómo eso era poco menos que “jaleado”, o considerado incluso un símbolo de inteligencia o, en cierto sentido, de prestigio social: si utilizabas esos esquemas, era porque eras “lo suficientemente rico” como para que valiese la pena, y comentarlo en privado era como hacer cierta ostentación de esa riqueza. Ahora, en España, si alguien te confiesa que no paga determinados impuestos, solo te falta insultarlo: hemos pasado, gracias a un uso de casos de perfil y visibilidad elevados y a un trabajo de concienciación, a tener cada vez más claro que quien no paga impuestos, nos está robando a todos. 

Los sistemas basados en la asimetría informativa proporcionada por los paraísos fiscales son cada vez más caducos, están cada vez más cuestionados y puestos en evidencia y, sobre todo, están adquiriendo una connotación cada vez más negativa: a medida que se producen más y más leaks y son explotados con más profesionalidad y seriedad, la idea de que el que es encontrado utilizando sistemas de ese tipo es “el más listo” va siendo sustituida por otro tipo de adjetivos, independientemente de que la persona incurra o no en delito. Se puede figurar en algunas de esas bases de datos y tener la situación perfectamente regularizada con el fisco de tu país declarando esas sociedades o instrumentos de manera transparente, pero ni es la circunstancia más común en esos casos, ni te exime de un cada vez más elevado coste en términos reputacionales, lo que cada vez más, conlleva que, ante el riesgo que suponen, esos esquemas puedan ir pasando a ser parte del pasado. El riesgo existe aunque seas la mismísima reina de Inglaterra, y el ejercicio democrático que supone que la televisión pública de un país dedique artículos a la corrupción de su reina no debe ser minimizado. 

¿Un mundo sin paraísos fiscales? No, desgraciadamente estamos aún muy lejos de algo así. Pero la tecnología debería proveernos cada vez más de mejores armas a la hora de trazar las transacciones, al tiempo que disminuye los riesgos e incrementa los incentivos para todo aquel que quiera llevar a cabo un leak. Protegerse de todo posible ex-empleado o empleado desleal, de todo eslabón débil que pueda tener la tentación de guardar unos archivos y enviarlos a un medio es una tarea muy compleja, y los sucesivos leaks y su correspondiente explotación profesionalizada y eficiente demuestran que estamos en el buen camino. El verdadero valor de los Paradise Papers y del trabajo de ICIJ en general es el de que sirvan como herramienta de concienciación, como prueba de que incurrir en determinados comportamientos no es, no debería ser, lo esperable cuando alguien logra tener muchos ingresos. Apreciar el trabajo de ICIJ, ponerlo en valor y otorgarle la importancia que verdaderamente tiene es un paso fundamental para cambiar las cosas en el futuro.

 

 

 

This post is also available in English in my Medium page, “The Paradise Papers and why they’re important” 

 

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IMAGE: The Light Writer - 123RFWired publica un interesantísimo artículo, Net states rule the world; we need to recognize their power, muy al hilo de algunos de los temas de los que hablaba Rebecca MacKinnon en su muy recomendable libro “No sin nuestro consentimiento“, para cuya edición en español tuve el honor de escribir un epílogo: la alteración que supone en la geopolítica y la economía tradicional la superposición de una red de información global en la que las fronteras tienden progresivamente a perder su sentido, en la que los costes de transacción se reducen al mínimo, y en el que grandes corporaciones como Google, Facebook o Amazon pasan a jugar, con sus decisiones, un papel más importante que el de muchos gobiernos.

Facebook tiene más de dos mil millones de usuarios, y aunque algunos sean falsos, siguen siendo muchos más que los habitantes de China, y todos ellos son afectados por cualquier cambio en las políticas de la compañía. Los usuarios de Google son muy difíciles de calcular, pero simplemente su correo electrónico, Gmail, tiene más de mil millones, y Android, más de dos mil. Se estima que Amazon tenía más de trescientos millones de usuarios activos a principios de 2016, y a finales de 2017 tiene 541,900 empleados, el tamaño de un país pequeño. Cualquiera de estas compañías pueden tomar decisiones, por ejemplo, a nivel fiscal, capaces de generar desequilibrios en las balanzas comerciales de algunas economías. 

¿Qué futuro tiene la geopolítica tradicional, cuando se empieza a apuntar la posibilidad de que las compañías del futuro sean intangibles que tengan una estructura de DAOs, Decentralized Autonomous Organizations, que podrán escoger de manera prácticamente libre en qué régimen fiscal anclarse y cómo contratar con empleados de todo el mundo mediante modelos de gobernanza completamente distribuidossmart contracts? Si quieres, y por relativamente poco dinero, puedes convertirte en un ciudadano e-residente de Estonia, independientemente de tu localización y de tu pasaporte, y tener desde un documento nacional de identidad, hasta la posibilidad de constituir sociedades en la república báltica, que presume de ser la sociedad digital más avanzada del mundo.

Ciudadanías virtuales y, por supuesto, monedas virtuales: en 2015, en medio de los momentos más duros de la crisis griega, el país barajó la posibilidad de adoptar el bitcoin como moneda nacional. ¿Qué habría ocurrido si hubiesen sido capaces de llevarlo a cabo, teniendo en cuenta que el precio de la criptodivisa estaba en torno a los $230 entonces pero supera hoy los $7,500, y es tan líquido como para poder tener una tarjeta de débito y dedicarte, si quieres, a pagar en bitcoins en cualquier lugar del mundo? ¿Puede organizarse la economía de un país en torno a un concepto que la mayoría de habitantes del mundo aún no entienden y que algunos consideran una estafa piramidal?

Los Panama Papers, los Paradise Papers publicados hoy… todos ellos pruebas evidentes de un sistema que ya no funciona, que pone de manifiesto lo que pasa cuando se combina un caducado sistema de fronteras con la facilidad para mover fondos entre distintos regímenes fiscales, un conocimiento hasta ahora solo al alcance de algunos privilegiados, pero que cada día más, evidencia problemas de falta de transparencia, de responsabilidad social, de ausencia de solidaridad, de un entorno insostenible que se cae a pedazos. Los símbolos de algunos países, sus gobernantes, sus ministros o sus empresarios más señalados, refugiándose en paraísos fiscales para aprovecharse de las debilidades de un sistema imperfecto. Las fronteras, los países y las ciudadanías, convertidos en un concepto ya no solo revisado y revisable, sino cada vez más irrelevante. Trabajadores que escogen su pasaporte y su residencia en función de criterios de todo tipo, y que entregan su trabajo a través de redes globales mediante contratos inteligentes inviolables, y cobrando en criptomonedas. Compañías que se financian emitiendo sus propios tokens y que declaran allá donde escogen declarar mediante procesos de optimización fiscal que se aprovechan de la todavía vigente y obviamente obsoleta legislación existente. Las mayores potencias económicas del mundo tomando un cuerpo de naturaleza completamente diferente, definido no por el lugar donde has nacido, sino por otros factores. Lo que sabíamos de geopolítica y de economía global, convertido en papel mojado.

¿Estamos preparados para iniciar, o simplemente para pensar en iniciar, esta conversación? ¿O se va a desarrollar sin nosotros?

 

 

 

This post is also available in English in my Medium page, “Forget what you thought you knew about geopolitics and economics…” 

 

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